Roma en 9 horas

Para los que somos viajeros a veces es difícil viajar todo lo que queremos, yo por cuestiones de trabajo, tiempo y presupuesto trato de aprovechar al máximo cada oportunidad de viajar que tengo disponible.

Uno de los secretos que me gustaría compartir con todos es el de las escalas, al buscar vuelos largos con escala, es preferible buscar escalas muy largas de 9 o 12 horas; y dirás ¿para qué? – Pues para tener tiempo suficiente de buscar un mapa, el camino al centro de la ciudad y tener dos experiencias por el precio de una.

Así fue mi experiencia “Roma en 9 horas

Al tener una escala en Fiumicino de 9 horas decidí irme al centro de Roma y conocerla antes de volver a casa. Les cuento lo que deben hacer en caso de que esta ciudad que enamora sea uno de sus destinos preferidos.

En el aeropuerto de Fiumicino lo primero que hay que hacer es salir del área de espera, buscar la oficina de turismo y hacerse de un mapa y luego correr al área de casilleros para dejar la maleta de mano y andar lo más ligero posible, porque tendremos que correr para sacarle el jugo a esas pocas horas.

En el mismo aeropuerto hay varias opciones para llegar al centro una es el tren, pero hay un servicio de transporte privado que te transporta en coche hasta el punto que vayas y cuesta lo mismo, por ello fue el medio de transporte que escogí y que me dejó en pleno Coliseo, allí comenzó mi paseo por la ciudad con un tráfico caótico es capaz de dejarte sin aliento, cada mirada, cada foto, cada vista es como un libro de arte, caminar por alrededor del coliseo, los jardines con ruinas romanas y los paseos aledaños tomará unas dos o tres horas si vais con algo de prisa, luego de allí me dirigí a lo que era mi sueño de toda la vida: la Fontana de Trevi.

Me dio tiempo de perderme, de recorrer plazas y edificios gubernamentales, de ver vistas de la ciudad y deshacer camino para poder volver a lo que era mi destino original, los alrededores de la Fontana están llenos de restaurantes y lugares para turistas, sin embargo hay muchos lugares que tienen un ambiente de pizzería de barrio que parecen escenarios de película.

Al llegar a la Fontana el tiempo se detuvo, no importa que haya cientos de personas haciéndose fotos, tirando monedas y pidiendo deseos que tal vez no se cumplan, de momento la majestuosidad de la fuente inunda la mente, tratar de ver cada de detalle embriaga y luego el sonido del agua te aísla de la masa de turistas que se pelean por capturar el momento… Yo simplemente estuve allí inamovible por al menos una hora.

Se me hizo la hora del almuerzo y me aseguré de volver a la pizzeria más pequeña y rudimentaria que me crucé en el camino, en la que se podía ordenar cualquier pedazo de pizza que quisieras y luego se pagaba por peso, así que adivinen ¿quién ordeno uno 6 pedacitos de pizzas variadas? la dependienta no entendía ni ingles ni español pero uno se las arregla para comunicarse, acompañé mi almuerzo con una cerveza local y otra vez perdí la noción del tiempo.

Sabia que me quedaba poco tiempo, el camino de vuelta en tren es de al menos una hora y debía estar una hora antes de abordar el vuelo, así que me dispuse a encaminarme a la estación de tren y me perdí nuevamente (todo el día lo hice a pie, no quería perderme de las vistas tomando el metro) así que mientras me ubicaba procuraba tomarme un espresso en cada cafecito que me parecía chulo.

Llegué a la estación de tren, respiré profundo para entender cual era mi andén y donde comprar el boleto; compré el ticket que hay que marcar un una máquinita casi invisible antes de abordar o si no te multan, casi pierdo el tren por devolverme a marcarlo así que como escena de peli llegué corriendo por el anden y abordé el tren cuando cerraba sus puertas para dirigirse al aeropuerto.

Llegué a tiempo pero aun así corrí a buscar mi maleta, corrí al checkin y llegué a la sala de espera cansado, lleno de pizza, de espresso y embriagado de Roma.

 

 

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