Orgullo Gay de Tel Aviv – Iguales en las diferencias

Homotown en el Orgullo Gay Tel Aviv 2013, IsraelNo hablaré de la premisa por la igualdad al derecho del matrimonio, ni sobre los discursos políticos que cerraron el show fonomímico, ni tampoco de las asombrosas cifras de asistentes, porque de eso ya hay mucho en las páginas de los blogs, periódicos y revistas que cubrieron el evento en vivo.

Prefiero en todo caso, hablar de lo perdido que estaba cuando llegué al backstage con mi pase de prensa y no sabía ni por donde entrar o con quien hablar, a diferencia de otros medios que por lo visto estaban más informados sobre quién era quién detrás del escenario, yo me dedique a saludar a un par de bloggers que me resultaron conocidos y a hacer fotos de los chicos de impresionante altura y cuerpos sin un ápice de grasa que me hacían pensar que tal vez nunca se han comido un trozo de pizza para verse así.

En el parque la gente se aglomeraba y lo que más llamó mi atención fue como grupos intentaban destacar y se daban permiso para ser tan libres y creativos como se puede ser en una concentración gay, chicos vestidos de bailarinas muy etéreas y velludas o chicos semidesnudos se paseaban por el parque exhibiéndose y accediendo a tomarse una foto con todo aquel que se lo pidiera.

Leathers, BDSM, Daddys, Osos, Twinks, Smooths y Jocks fueron algunas de las subculturas fetichistas que se podían ver desfilando entre stands con típicos panfletos y propaganda.

Al finalizar las acaloradas intervenciones políticas, una masa sudorosa y compacta de personas marchamos al ritmo de música y al rededor de carrozas  saludando a aquellos que celebraban desde un balcón o a aquellos que se tomaban una cerveza en una terraza de algún restaurante que aprovechan para unirse a esta festividad poniendo una bandera de colores en sus puertas.

Luego de correr tras cada carroza y hacer las fotos pertinentes, además de ser mojado y de reirme con todos los asistentes que estaban de muy buen humor pese al calor que hacia, de tanto en tanto me detenía sólo a ver a la gente pasar alegres, celebrando y en una especie de paroxismo de masa que mantuvo a miles de personas en euforia durante todo el recorrido.

Al final llegamos a la fiesta de la playa donde asumo que estuvieron los 100.000 asistentes de los que habla la prensa, sin embargo, siento que el verdadero atractivo no está en la fiesta, la bebida y el desahogo, sino más bien en compartir esas horas de caminatas con la gente de Tel Aviv que marcha un poco por diversión y otros tantos por convicción, donde se mezcla un poco los ideales con la humanidad.

Un espacio de tiempo en el cual, pese a todas la etiquetas, por un breve momento todos nos sentimos iguales.

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